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domingo, 20 de marzo de 2022

Falcata: Arma y símbolo.

La Falcata y el ritual guerrero
Ilustración por "Devotio Ibérica"

La Falcata ha devenido para nuestra actualidad en una “seña de identidad” siendo incluso reconocida fuera de nuestras fronteras y forjándose así una leyenda. Su llamativa forma nos expresa que en manos expertas su corte propinaría unas heridas terribles, algo que ya nos es certificado por la historia escrita.

Cuando admiramos detenidamente la espada, podemos vislumbrar mentalmente esas antiguas “cofradías guerreras” rindiendo culto a deidades y héroes divinizados, que son hoy innominados y olvidados, rituales en los cuales los guerreros consagrarían sus vidas y su muerte para la batalla, buscando la “muerte triunfal” (bella muerte), y siendo la Falcata el punto de unión entre el guerrero, la deidad y el héroe divinizado.
Recordemos que cuando el guerrero que empuñaba la Falcata moría, la espada le acompañaba en su destino, en la inhumación el arma era ritualmente sacrificada, inutilizándola, pues cada Falcata era única, personalizada y adaptada a su legítimo dueño.
Hoy esta arma se alza como un símbolo presente, inspirador y revilitizador que nos trasmite fuerza, valor, lucha, heroicidad, furor, resistencia y libertad. Es el recuerdo de un pueblo guerrero arquetípico, ejemplarizante e indómito, el ibero, nuestros antepasados...

Además, esta arma no ha caído en lo anacrónico, podemos volver de nuevo a forjarla, siendo así una herramienta de gran utilidad, con la suerte de poder actualizarla con nuevos materiales para adaptarla a nuestros tiempos.

Forjemos pues una "nueva Falcata" para nuestro espíritu y nuestras manos.

(Artículo publicado originalmente en nuestro Instagram @devotio_iberica)

viernes, 29 de mayo de 2020

El nuevo manifestar del héroe en la era contemporánea (tiempos corruptos)


El “retorno del héroe” no llegará por manos de una imagen idílica de un ecuestre guerrero en blanco corcel y lanza de plata (aunque, de ser así, me impresionaría gratamente pese a mi error), sino que será alguien contemporáneo, alguien nacido en esta “etapa corrupta” y que será parte de esta corrupción. ¿Cómo? Sí, tal como suena, en su interior lo corroerá el malestar de la corrupción de estos tiempos y esto, justo al contrario de ser un defecto, le llevará a ser una virtud, pues al sentir la podredumbre no solo en cuanto le rodea, sino también en su interior, le dará la fuerza de lucha para su “purificación”. Combatirá vivazmente, con tenacidad para erradicar la corrupción en pos de la capacidad y la salubridad. No puede ser de otra forma. Solo quien sabe contra qué se enfrenta sabrá cómo combatirlo.

Este héroe deberá tener las dotes necesarias para llevar a cabo la “gesta”: sus armas serán un carácter carismático y de fabulosa oratoria, bien resuelto en el conocimiento y para la “supervivencia” del pueblo y, por supuesto, poseerá un gran concepto de la importancia de la “esencia espiritual”. En definitiva, no podrá ser un “político”, pues no anhelara el “poder” mediante votos y elecciones ni hará promesas que no sabrá si cumplirá. No será un filosofo o doctor, pues no dudará ni entrara en conflictos y contradicción en si mismo. No será un religioso dogmático y hermético que solo se guíe por la protección de una deidad. Deberá, pues, ser la representación de la “palabra de la acción”, de la “sabiduría natural del eterno espíritu”.

¿Por qué su necesidad?

Aunque la figura del héroe parezca una exageración, tal cosa no es así. El problema es que el concepto del héroe se ha banalizado hasta ridiculizar su esencia. Hoy día llaman héroe a personas que cumplen su trabajo -como es el caso de policías, bomberos o médicos- que, si bien no dudo de su valor y sacrificio, no incumbe lo heróico, que es algo más profundo que una mera muestra de valor y efectividad que además viene dada por las obligaciones propias de un oficio con determinado riesgo o compromiso. Si además añadimos la desvergüenza de llamar héroe a un deportista de mediocre forma mental y espiritual, ya es el “sumum” de la banalización de esta figura-arquetipo, pero os diré que esto fue hecho a propósito con el fin de destruir ese ser tan “brillante”, digno de ejemplo.

La evolución natural del héroe antaño y en lo que tiene que derivar de igual forma en la actualidad es de héroe a “padre fundador” y de eso –tras su muerte- a héroe divinizado. Será él una nueva institución que establecerá unas nuevas leyes justas y adaptadas a su pueblo, formando de nuevo una sociedad orgánicamente jerárquica impulsada por la razón y la justicia, nutrida por una espiritualidad que nos acercará de nuevo a la naturaleza y a un profundo respeto por los ancestros, pues ellos nos dieron el don de la vida. Por último, cimentará todo por una propulsión de la cultura e identidad, es decir, sangre y tierra, componentes básicos y elementales de toda cultura real.
Añado que este “héroe contemporáneo” traerá consigo lo que necesitamos: los “valores ancestrales” que hemos perdido (o, mejor dicho, que nos arrebataron) y que nos son tan necesarios en estos tiempos. Además, como pasó en el pasado, servirá de arquetipo al cual muchos querrán imitar, y así empezará a nacer un culto. Él será una institución, la restauración de un tiempo nuevo basado en parte en algo muy antiguo: ley natural, la protección de la comunidad, la espiritualidad, el heroísmo.
Su figura es esencial para poder destruir el yugo de los “elegidos” que hoy gobiernan con puño de hierro, extendiendo su putrefacción hasta los límites más esenciales de la propia vida. Ellos han conseguido desnaturalizar al hombre con la “domesticación civilizada”, la cual ha degenerado en una sociedad de inútiles, incapaces, castrados, “ateos” y materialistas sin sentido de existencia. Son la miseria espiritual, mental y existencial que solo la imagen del héroe a través de su gesta podría revocar.
Tras años de comodidades y una falsa imagen de “estabilidad”, se nos volvió débiles y temerosos. Tras años de creer en eso llamado “democracia” y en el estado de bienestar paternalista, nos ha vuelto unos castrados. Él, el héroe, es contrario a toda esa debilidad, él es fortaleza.

No será ni mártir ni recuerdo, deberá ser héroe.

No será mártir. El “mártir”, pese a parecer un sinónimo de héroe, a mi parecer no lo es. Mártir es un concepto inferior, el mártir se somete a la muerte resignado y esperando una redención. El héroe, por contra, supera la muerte, la acepta como una victoria y prueba definitiva que le acerca a los ancestros heroicos y deidades. Tras su muerte física no se genera un simple recuerdo, no. Tras ese evento nace el culto, el mito que perdurará en el imaginario colectivo en épicas canciones, poesías y otras formas. Él seguirá vivo.

¡Aspirante a héroe, si lees esto!

Tu vida no será fácil, lo sabrás. Recuerda que algunos en nuestros tiempos lo intentaron y fracasaron, no por falta de cualidades y capacidades, sino porque el sistema os da caza, pues sois su mayor temor. No se os puede comprar con nada y ellos solo tienen para ofrecer su ruina material. Deberás aceptar una vida sencilla y llena de retos, serás un apestado y proscrito por la masa. Puede que te humillen y que tu persona sea desprestigiada con falsas acusaciones y montajes en un intento de destruir tu buena reputación, pero resistirás la embestida. Piensa que ellos tienen el poder de mentir, de dominar la masa, de todo, pero son débiles y enclenques, no son nada. Todo el sufrimiento que padezcas será tu “rito iniciatico” que te dará herramientas. Piensa en el endurecimiento que necesitaban los guerreros neófitos de antaño, como bien describía Yukio Mishima: “La aceptación del sufrimiento como prueba de coraje era el tema de primitivos ritos iniciaticos en el pasado lejano, y tales ritos eran a un tiempo ceremonias de muerte y resurrección.”


(...) El soberano que debe despertarse, el propio héroe vengador y restaurador, no son fantasías de un pasado muerto, más o menos romántico, sino la verdad de aquéllos que hoy, solos, pueden llamarse, con toda legitimidad, vivientes. (...)

Julius Evola " El misterio del Grial"

miércoles, 8 de abril de 2020

El arquetipo heróico Ibérico

Este breve artículo quiero que sirva de introducción a un tema muy profundo y apasionante, donde la guerra y lo “místico-religioso” se entremezclan hasta su total fusión. Después de leer lo que aquí presentaré, espero despertar el interés del lector y que le lleve a seguir investigando.

Las antiguas sociedades guerreras ibéricas tenían como objetivo su propia búsqueda de la “divinización heroica”. Para ello, tenían como arquetipo a seguir el mito del “padre fundador” de su clan / estirpe. Este ancestro común divinizado gozaba de culto entre toda la población, pero era especialmente entre las “cofradías guerreras” donde encontraba su mayor número de seguidores, pues estas buscaban seguir su misma gesta, heróica y épica. Hasta nuestros días nos llegó un nombre para identificar estas “órdenes” de “guerreros espirituales”: la devotio. Guerreros consagrados a la divinidad y a un líder que entregaban su vida y espíritu a una causa: la vida heróica.
Estos guerreros consagrados a su “padre fundador” y su caudillo (posiblemente considerado como descendiente o materialización de los dioses o del propio héroe divinizado) eran el eslabón más alto de la sociedad, parte de la aristocracia, con privilegios, sí, pero también con grandes obligaciones. Es lógico pensar que esta aristocracia tendría sus propios cultos a deidades y rituales exclusivos, los cuales eran desconocidos o tabú para otros rangos de la sociedad.

Los guerreros tenían una entrega total al líder y no podían superar la vida de este, es decir, si él moría, ellos tenían que perecer junto a él. Aún así, ellos buscaban su gloria personal por encima de una gloria común del ejercito al cual pertenecían, lo cual denota su carácter místico, épico y heróico. Esto hacía de ellos unos guerreros espirituales, cuyas posesiones más valiosas eran el valor personal y las armas. Recordemos aquella frase célebre que describía su actitud: “les es preferible entregar su vida que sus armas, pues sin ellas nada valía la pena”. Es fácil concluir que estos tenían una unión con sus armas similar al de otras culturas guerreras, como el caso de los samurái, quienes creían que en su arma reside el alma del guerrero.

La mística, la espiritualidad y el ritual envolvía todos los quehaceres de la vida del guerrero. Desde el momento iniciático del neófito a la orden, todo era comprendido en una forma de “guerra religiosa”. Cuando varios de sus contemporáneos nos dicen de ellos que “acudían al campo de batalla danzando y cantando alabanzas a la victoria, a sus capacidades, alusiones a sus ancestros, insultando y provocando en muchos casos en la lengua de sus antepasados”, vemos claramente esa unión de misticismo religioso y guerra. Esto haría también las veces de estrategia psicológica, pues debería generar un terror primordial en el enemigo.

Hacemos aquí un resumen esquemático para no extendernos mucho más, pues en la segunda parte quiero tratar la figura del héroe divinizado o padre fundacional:

Guerrero Neófito

Posible forma de vida al “modo espartano”: entrenamientos, vida sobria, agreste y dura.

Ritual de iniciación :

Pruebas de endurecimiento y valía físico-mental-espiritual, posiblemente :

-cazas de “bestias infernales” como el jabalí, lobo o oso.
-Introducción en cuevas donde aguardan “fuerzas primordiales” representadas por un lobo, buscando vencerle o someterle (entendiéndose como una representación, no en su sentido literal)
-Rituales de “bestialidad” donde los guerreros eran “poseídos” por una entidad animal, de forma similar a los conocidos berserker germánicos.

Todas estas pruebas pudieron estar basadas en el mito del padre fundacional.

Superación, formación en la Devotio:

Juramento ritual a una deidad o padre fundacional.
“Consagración” a un caudillo .
Vida basada en servir y no pudiendo superar la muerte de este.

Vida Heróica

Aristocracia
Búsqueda de la gloria personal y épica.
La “bella muerte”.

Para finalizar con la “senda del guerrero”, debemos tratar cuál debía ser el objetivo final, que no es otro sino la búsqueda de la “bella muerte”, es decir, la muerte que los canonizaría como héroes y les uniría con sus ancestros heróicos. Es conocido el rito de dejar a los guerreros caídos en el mismo suelo del campo de batalla a merced de buitres y cuervos, pues estos elevaban sus almas al cielo. Los guerreros buscarían así una elevación. También parece ser que hubo un ritual en el cual, cuando moría el líder, los guerreros se enfrentaban en combates por parejas y, después, tanto los muertos como los gravemente heridos eran arrojados a la pira funeraria donde yacían los restos de su líder, acompañándole así al más allá.

A continuación trataremos la figura del héroe divinizado o padre fundacional, pues sin él nada de lo anterior tendría sentido, ya que es la piedra angular del tema. Los “padres fundadores” parece ser que entre ellos tienen características o rasgos comunes que hacen de ellos unos predestinados a su función. Es el destino, la desdicha y la gracia divina las que acompañaban la vida de este ser tan importante para el clan o tribu. Imaginamos que, además de las artes plásticas, las cuales describían el mito fundacional, debería haber una elaborada serie de cánticos, poesías y relatos que trataban este mito y sus leyes que, además de ser recordado por una clase profesional (los llamados bardos), estaban grabados en el imaginario colectivo. Esquematicemos pues esta figura: 

Ilustración creada por "Devotio Ibérica" basada en la escena figurada en un tinaja ibérica de La Alcudia de Elche. 
(Posible escena del mito del héroe divinizado y, a su vez, la prueba que debería superar el guerrero neófito)

Héroe divinizado o padre fundacional

-Nacimiento místico: nació de la unión de una mujer y un ser sobrenatural (muchas veces fuera de un legítimo matrimonio).

-Tras el nacimiento, sobrevive a un “asesinato frustrado” o desdicha, por ejemplo, ser el único que prevalece de una serie de hermanos que fallecen.

-Puede ser que crezca en ambientes hostiles, protegido por bestias y alimentados por estas (obviamente protegido por una deidad).

-Se suele desconocer su procedencia exacta. A veces se indica una procedencia “más allá de las aguas” (mundo inmortal).

-Se muestra como un guerrero ecuestre y armado, con atributos divinos (caballo blanco, símbolo de su pertenencia al mas allá, un arma forjada por una entidad sobrenatural).

-Su gesta incluye la derrota de un ser maligno y sobrenatural (por lo general, lobo o jabalí monstruoso) al cual consigue someter con sus manos.

-Es quien enseña a cultivar y el uso del arado.

-Crea las primeras leyes que bien pudieron ser recogidas y trasmitidas en cánticos y poemas. Énfasis en la transmisión cultural oral, no escrita.

-Cuando fallece tras años de dar prosperidad a su clan / estirpe, se crea un culto entorno a su figura y se convierte en “patrono inmortal”, ejemplo a imitar.

Como podemos ver, este padre fundador divinizado es un guerrero, un sabio y una entidad espiritual. Un arquetipo a seguir, es la casta aristocrática por antonomasia, no hay un máximo exponente por encima de él. Con su gesta y épica enseñaba lo que era una vida ejemplar, el valor y valía personal, enseñando el bien común para la comunidad. El Héroe divinizado fue capaz de vencer lo sobrenatural y fundar una próspera estirpe, dar sabiduría y otorgar justicia, convirtiéndose así en una deidad. Se puede decir que es una institución personificada y, claro está, todos querrían unirse a él, al héroe, al padre, a la divinidad, lo cual solo era posible a través del heroísmo.

Conclusión:

Todo lo relatado aquí no debe ser tomado como una norma general en el ámbito peninsular, pues seguro que cada tribu o clan debería tener sus variantes, singularidades y diferenciaciones, si bien en esencia serían figuras casi iguales o análogas. Recordemos que nuestros ancestros no tenían una “unión nacional” como tal y habían diferencias entre las distintas tribus incluso dentro de un mismo grupo etnocultural, ya fuera por su evolución sociopolítica resultante de influencias llegadas del exterior, por el mantenimiento de un modo de vida más arcaico o por otros motivos ajenos a nuestro conocimiento o percepción. Con todo, esto nos da una pista de cómo deberíamos enfocar el estudio y comprensión del héroe. Espero que este breve artículo sirva para suscitar algo de interés por el tema.

Simbolismo guerrero :

Lobo: Animal que representa las energías primordiales y del caos (recordemos al fenris germánico). Ligado a lo nocturno, es un ser oscuro de temibles fauces y cualidad guerrera. Parece ser que se le consideraba como una fuerza aliada cuando el guerrero, al domar su espíritu y al entrar en él, podía usar su poder furibundo, si bien a su vez perdía el control de si mismo (otra vez, de forma similar a los Berserker germanos). Así pues, no es un exactamente aliado. Hoy día está muy idealizada su figura, pero antaño debió causar más temor admirativo que la imagen suavizada de nuestros días.

Cuervo: Ligado al dios Lug, al destino y la sabiduría, se dice que predecían las batallas interpretando sus vuelos sobre el campo de batalla. Capaz de transportar las almas a los cielos. Psicopompo.

Buitres: Encargados para transportar almas al “más allá heróico”. Muchas representaciones de los buitres se encuentran en el arte ibérico, denotando un gran aprecio o importancia de dicho animal. Psicopompo.